Adicciones

Adolescentes imperfectos

06 de Septiembre, 2020 Devi Uranga

Es posible que, si estás leyendo esto, formes parte de una familia con hijos o hijas menores de edad. De no ser así, también comparto contigo estas palabras.

Imagino la dificultad adicional que puede conllevar afrontar una crisis sanitaria sin precedentes, si además sostienes la responsabilidad del bienestar de tus hijos.

 

Por eso, antes de continuar me gustaría recordarte que estás en ello, dirigiendo el barco y que lo haces de la forma en la que tus limitaciones y virtudes te permiten.

Es probable que tengas más recursos de los que a veces puedes estar sintiendo tener. Y si, en algún momento de esta etapa que ahora corresponde vivir, juzgas de forma inconsciente la manera en la que afrontas tus circunstancias, igual puedes ser más justo contigo mismo o misma, incorporar una mirada más compasiva hacia tus actos. Contemplar tus dificultades con afecto en lugar de con decepción, es una forma de establecer relación sansa contigo mismo.

 

Situaciones novedosas que alteran los esquemas en los que estamos acostumbrados a vivir en familia, pueden activar una exigencia que bloquee y merme la estima de tu figura como cuidador o cuidadora. Establecer un diálogo interno que trate de mirarte con cuidado e integrando las carencias como parte natural y humana de uno mismo, es una buena forma de empezar a abordar la difícil situación familiar de una etapa que conlleva aislamiento social y un mundo tecnológico muy reforzado en la adolescencia.

A pesar de lo que pueda parecer, aflojar la exigencia no está relacionado con “hacerlo peor”. Más bien lo contrario. Actuar desde un lugar más amable hacia uno mismo, puede traer claridad y discernimiento, y de paso, ser referencia de “amor propio” para los hijos. Las carencias en nuestra sociedad de estos aspectos colocan este trabajo personal en una de las prioridades ante la educación de hijos e hijas.

Estás. Con todo lo que eres. Con tus vulnerabilidades y fortalezas. Sólo por ello, mereces una mirada de respeto hacia quién eres y qué haces; así como perdonarte por tus errores.

Ahora bien, todos tenemos mucho que aprender. Una vez alcanzado este punto de aceptación, (incondicional si es posible), puedes dar el paso de seguir reforzando tus virtudes con el objetivo de establecer una crianza todo lo saludable que te sea posible para velar por el desarrollo de tus hijos. A continuación, te sugiero un par de ideas para tener en cuenta:

  • El distanciamiento social nos limita y priva del contacto interpersonal. Este hecho puede favorecer el uso de las redes sociales y los videojuegos. Y aunque sea por un periodo corto de tiempo, la falta de abrazos, de conflictos o de intimidad puede dejar carencias en su desarrollo. Este hecho conlleva el riesgo de sustituir la necesidad de contacto, por las relaciones virtuales a través de la red. Aunque suponen una gran fuente de entretenimiento, no nutren los aspectos más profundos de su personalidad. Sin embargo, un riesgo mayor que éste, supone que los menores se acostumbren a un estilo de relación tecnológica y aprendan a convivir con el déficit que conlleva prescindir de unas relaciones de calidad en vivo. Por eso, el papel de los progenitores es muy importante en este sentido. El reto en los próximos meses consiste en comprender el papel tan importante que jugáis en este proceso. Es de vital importancia encontrar un equilibrio entre la permisividad en el uso de las tecnologías que favorecen el contacto con los demás en una etapa donde permanecen reducidas, y establecer límites al uso tecnológico para favorecer las relaciones fuera de la red. Aunque les resulte difícil, es necesario. Promover este equilibro les protegerá del peligro de perder motivación por contactos reales cuando sea posible, un hecho imprescindible para el ser humano.  Podemos ayudarles a que no normalicen las relaciones en el plano virtual.

Para ello te recomiendo que diseñes un horario de uso tecnológico con las normas claras y concretas. Además, puede ayudarte:

 

- Respetar su turno de contacto virtual. Si la mirada hacia su ocio tecnológico es de juicio, puede empeorar el pronóstico. ¡Que disfruten del rato que les corresponda!

- Un contexto familiar suficientemente nutricio: bajos niveles de estrés y conflicto, relaciones basadas en respeto y libres de juicio, cuidar espacios de intimidad o establecer tiempos de convivencia entretenidos.

 

  • Por otro lado, recuerda que las tecnologías funcionan gracias a nuestras carencias.

Si pudiéramos decodificar el mensaje de un adolescente que ha establecido relación de dependencia con los dispositivos, los mensajes podrían ser:

“sólo quiero pertenecer” “me siento bien cuando me atienden” “les gusta lo que ofrezco y eso me hace sentir confianza en mí mismo”.

Detrás del abuso de las tecnologías podemos hallar la necesidad de ser mirados. En la medida en la que encuentren esta seguridad en su entorno real más cercano, por ejemplo, el familiar, menor será su necesidad de exponerse en las redes. En este sentido, todos tenemos una responsabilidad de cuidado mutuo en las relaciones. Algunos mensajes que puedes poner en práctica con tus hijos e hijas: “me gusta cuando pasas tiempo con nosotros”; “he estado muy a gusto cuando hemos estado juntos y sin tecnologías”; “entiendo que te gusten las redes sociales, tiene cosas muy creativas y divertidas. Sin un día tú quieres puedes contarme cosas que no sepa y aprendo”; “hoy he echado de menos que estuvieras más conmigo, pero no hay prisa”; “me gusta cuando pasas tiempo fuera de la habitación porque te conozco más y me gusta lo que veo”. De esta forma, sus carencias quedan más atendidas y se reduce la necesidad de buscar afecto “afuera”. Es especialmente importante en adolescentes que abusen de las tecnologías. La red virtual es un entorno exigente y competitivo que puede mermar su estima. Por otro lado, resulta un ambiente con altos grados de retroalimentación. Que vivan en contextos amables para su integridad, puede prevenir el riesgo de que sientan más motivación por nutrirse en las redes que en su realidad. Dar cariño es una gran fuente de prevención.

 

  • Por último y con el fin de reducir expectativas y exigencias, un recordatorio que puede ayudarnos en esta etapa: es humano que establezcamos relaciones de dependencia. En gran medida, todos en algún momento nos vemos profundamente apegados hacia aspectos que no son saludables para nuestro bienestar. A menudo podemos establecer relación insana con la comida, el dinero, el trabajo, las personas, sustancias, los pensamientos, el odio, los miedos o las tecnologías.  Es probable que, si echamos la vista atrás, no encontremos ninguna generación de adolescentes que no haya establecido relación de dependencia con cualquiera de estos aspectos. Los procesos de vincular de manera insana son naturales, aunque no saludables. Pero está bien ser adolescentes no perfectos. Es humano que sean adolescentes que abusen o establezcan relaciones de dependencia. Eso también nos permite comprender que son individuos vivos, sobreviviendo a sus circunstancias con los recursos limitados con los que cuentan. Y al mismo tiempo, es importante poner conciencia en el daño que estas relaciones pueden estar generando en su “adentro”. Si es elevado, entonces corresponde tomar medidas ajustadas al sufrimiento que alberguen. Sin embargo, la esencia del mensaje trata de reducir las exigencias respecto a los menores. Poder mirar con respeto sus carencias y sus déficits y en el camino acompañarlos para que, con tiempo, sean cada vez más completos.

 

De todo se aprende. De los adolescentes también, así como de uno mismo, de una pandemia o de un error.   Está bien ser padres, madres, hijos e hijas no perfectos. La vida no deja de ser un paso detrás del otro y la recompensa es el propio camino. 

Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid (2013)

Ha colaborado como Psicóloga Clínica en la Asociación Mentes Abiertas, en Proyecto Hombre con menores y en el Servicio de Atención en Adicciones Tecnológicas de la Comunidad de Madrid; Servicio en el que ejerce como Directora en la actualidad. 

Imparte formación para profesionales que desean ampliar recursos en la relación profesional con adolescentes. Y talleres para madres y padres, en los que tratar aspectos para la mejora de las relaciones con sus hijos e hijas.