Adicciones

Adultos y adolescentes en la misma dirección

16 de Agosto, 2020 Devi Uranga

En el caso de la educación con menores, recae sobre los adultos la oportunidad de dar una dirección al desarrollo de los hijos e hijas. Por ello, es interesante hacer un “stop” para observar cuál es la influencia más saludable y conveniente que se puede ejercer sobre ellos.

Puede haber una dificultad para que los menores establezcan una relación sana con las tecnologías por sí mismos. Aún es pronto para esperar un comportamiento autorregulador y consciente de forma autónoma y sin apenas referencias sociales, educativas y familiares.

De esta forma, te sugiero que en lugar de partir del origen “¿cómo deben mis hijos relacionarse saludablemente con las tecnologías?” nos preguntemos “¿cómo puedo ser una figura de referencia saludable para mis hijos e hijas y que, de esta forma, dirijan su propio vuelo de una forma suficientemente beneficiosa?”.

Por ejemplo: si en una merienda familiar un menor tiende al aislamiento mediante el uso de las tecnologías en lugar de establecer contacto con el grupo, podemos decir que el adolescente no está haciendo un uso responsable del dispositivo. Sin embargo, también podemos decir que los adultos responsables podrían determinar unas normas claras que guíen al menor en el uso tecnológico en un encuentro familiar. En lugar de demandar al adolescente un uso consciente, en este espacio, vamos a centrarnos en la segunda posibilidad: que sean los progenitores los que promuevan un contacto (con la familia y las tecnologías) responsable.

El origen que cada adulto tome, entre los nombrados con anterioridad, es perfecto ya que hay unos padres presentes, decidiendo. Si en lugar de responder a la primera pregunta, sientes interés por construir referencias acerca de la segunda, a continuación, puedes encontrar algunas que pueden alumbrar el difícil camino de la crianza saludable para representar una figura que le pauta para la relación sana con las tecnologías, por ejemplo, en una merienda familiar.

 

  • Responsabilidad: ampliar la mirada y situarte en tu responsabilidad en lugar de hacerlo en la del menor ya es un paso construido. Aunque pueda resultar vacío, representa “tomar las riendas”. Saberse haciéndonos cargo de una situación que nos prevé responsables, puede despertar en nosotros una autoestima que permitirá colocarnos en una vibración óptima para las relaciones y la crianza; la ejercemos mejor con una autoestima fuerte.

 

  • Disciplina: aunque está altamente relacionada con el estilo social en el que nos desarrollamos, no condiciona que puedas elegir el nivel de disciplina de tu sistema familiar. Los entornos con una disciplina equilibrada permiten un desarrollo más sano en los menores. Funciona como motor de bienestar físico, mental y emocional.

Hablamos de las normas y responsabilidades que organizan el sistema en el hogar. Cuánto más coherentes y claras se establezcan, más seguro les resultará el entorno en el que crecen. La disciplina es una forma más de cuidado y afecto durante su desarrollo. Es probable que en un contexto con una disciplina saludable los adolescentes sientan seguridad, una necesidad básica en su crecimiento, de la misma forma que los adultos la sentimos en nuestros equipos de trabajo, en espacios comunes o en la sociedad, cuando estos están regidos por normas claras y coherentes.

 

Nunca es tarde para comenzar a modificarla. En este sentido, conviene hacer otro stop, ver en qué nivel os encontráis y preparar un plan para hacer las modificaciones que se consideren entre los adultos del sistema familiar. Un par de referencias: primero las responsabilidades y después el ocio. Primero tareas del hogar compartidas, después las nuevas tecnologías. En un encuentro familiar: puede no haber tecnologías o se pueden permitir al final de la reunión durante un tiempo determinado (45 minutos).

 

  • Relación: si nos centramos en la crianza y en las normas que la rigen, el sistema familiar funciona en la medida en que la relación es vertical.  Es probable que los adolescentes, debido a la etapa evolutiva en la que se encuentran y por el manejo tecnológico que poseen (en algunos casos superior al de los adultos), traten de establecer relaciones de con sus progenitores. Es normal, están regulando sus relaciones y tratando de encontrar el lugar que les corresponde. Pero en este punto, tal vez pueda ayudarles que el adulto y el adolescente ocupen cada uno su lugar. De esta forma, las normas y las responsabilidades vienen de “arriba”. No es necesario que estén de acuerdo con ellas para que se cumplan. Sin embargo, las comprenderán mejor si son firmes y claras.

Estas ideas son sólo algunas de las que puedes tener en cuenta en tu día a día independientemente de si se trata del verano o del curso escolar. No obstante, el sistema de normas y responsabilidades es más efectivo si es flexible y lo revisamos en función de la edad y del período en el que se encuentren. Recuerda que más de 2 horas al día de tecnologías promueven el aislamiento en la adolescencia, sin importar la etapa del año.

Los resultados de poner en práctica estas pautas pueden fructificar en adolescentes haciendo un mejor uso de las tecnologías. Pero no olvides que la mejor recompensa es la de estar en ello construyendo una figura de referencia saludable para ellos y ellas. Ser un adulto sano para los menores es nutritivo para todos los individuos del sistema familiar. También para uno mismo.

Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid (2013)

Ha colaborado como Psicóloga Clínica en la Asociación Mentes Abiertas, en Proyecto Hombre con menores y en el Servicio de Atención en Adicciones Tecnológicas de la Comunidad de Madrid; Servicio en el que ejerce como Directora en la actualidad. 

Imparte formación para profesionales que desean ampliar recursos en la relación profesional con adolescentes. Y talleres para madres y padres, en los que tratar aspectos para la mejora de las relaciones con sus hijos e hijas.