Adicciones

No es una cuestión de azar

29 de Octubre, 2020 Devi Uranga

Aunque pueda parecerlo, el juego patológico en la adolescencia no se da por una cuestión de azar o mala suerte. Cualquier relación disfuncional con aspectos que la sociedad pone a nuestro servicio, no se da de repente.

En este espacio, te presento algunas de las principales ideas que pueden explicar cómo un adolescente y los juegos de azar pueden retroalimentarse y, de esta forma, darse un comportamiento patológico:

  • Los juegos de azar pueden resultar tan atractivos y estimulantes qué su día a día, fuera de esta actividad, puede parecerles aburrido. El ocio y las prácticas de tiempo libre acaban compitiendo con los juegos de azar. El ambiente sobreestimulado que ofrece esta actividad y las grandes recompensas a bajo esfuerzo resultan en ocasiones tan motivantes que, el interés por otras opciones más saludables y constructivas, se reduce.

 

  • Otra posibilidad que se contempla tiene que ver con los recursos personales con los que cuentan. Si éstos no les permiten afrontar del todo sus circunstancias, para protegerse frente a ello, pueden buscar prácticas de evasión. Esto puede hacer que desconecten de sus realidades y eviten afrontarlas. Este recurso no es funcional. Las experiencias que no se afrontan, pueden empeorar y debilitar la autoestima y las capacidades de afrontamiento, y por lo tanto disminuir su bienestar. Si los recursos y el apoyo con el que cuentan no les permiten abordar sus dificultades, pueden sentir una alta motivación inconsciente de desconexión de su realidad. Los juegos de azar, debido a la complejidad de su formato, pueden ser una herramienta para ello.

 

  • Por último, la calidad del entorno en el que crecen puede influir en el desarrollo de un juego patológico. La falta de un contexto sano y seguro puede reducir el “autocuidado” en menores y que queden más expuestos a prácticas tóxicas o poco saludables para su desarrollo. Es más probable que abandonen prácticas saludables para su crecimiento. Un ambiente sano en el hogar, en sus relaciones sociales y en la escuela, previene prácticas patológicas como el uso abusivo de los juegos de azar.

 

Si atendemos a estas posibilidades, es una buena noticia que no todo el poder de un comportamiento patológico pertenezca a los juegos de azar.

En los tres aspectos nombrados con anterioridad, los adultos tenemos la oportunidad de influir y acompañar sobre ellos, para reconducir la situación.

Tomar conciencia de qué la responsabilidad de un juego patológico no es sólo del menor, sino también de los recursos de afrontamiento que les hemos otorgado, del entorno que les brindamos para su desarrollo y de una educación basada en la búsqueda de motivaciones saludables, nos da la oportunidad de poder trabajar sobre estos aspectos tanto para prevenir como para curar.

De esta forma, si te encuentras en una situación con un menor ejerciendo un juego de riesgo, puedes prestar atención a lo que está en tus manos:

  • Promueve actividades saludables: cursos de fotografía, actividades en grupo, teatro, cine, lectura, legos, puzles, deportes, pintura, animales o música. Ayudarles a encontrar prácticas que les motiven y aumenten su autoestima, podrá reducir interés por el juego patológico.

 

  • Puedes tratar de acompañarlos en sus circunstancias y ofrecerles recursos. Estar pendientes de sus necesidades, enseñarles a pensar, a resolver conflictos o a expresarlos, son formas de acompañamiento para adolescentes que pueden estar viviendo una realidad amenazante. Si encuentran un lugar seguro que les permita ser atendidos, sus niveles de ansiedad disminuirán y los juegos sobreestimulantes no serán tan necesarios. Si das este paso, recuerda la importancia de promover un espacio libre de juicio, con una escucha activa y una relación afectuosa.

 

  • Observa tu entorno en el hogar. Si los niveles de estrés o conflicto son altos, o el nivel de afecto y atención bajo, pueden ser puntos importantes de intervención. Que el entorno en el hogar sea suficientemente rico en confianza, comunicación y respeto, es la mejor forma de prevención de cualquier práctica de riesgo.

 

Qué los adultos tengamos una responsabilidad sobre el juego patológico que ejercen los menores, es una buena noticia. Nos permite tomar las riendas, mejorar nuestra conciencia y responsabilizarnos de la parte que nos corresponde en nuestro compromiso de acompañar a los adolescentes en un desarrollo lo más completo posible.

Acompañar a los menores en su desarrollo, es complejo. Si sientes que la situación puede escapar a tus recursos, es normal. De ser así, la decisión más saludable es poder apoyar parte de todo este trabajo en profesionales. Poder con todo, es pedirnos demasiado.

Este trayecto consiste, en gran medida, en aprender, formarse, conocerse, leer e investigar. Los profesionales de la salud pueden acompañarte en este camino en el que a veces podemos sentirnos perdidos y perdidas.

Tú decides, pero, sea cual sea la decisión, recuerda que tu figura y tú presencia son vitales en cualquier conducta patológica qué ejerzan tus hijos o hijas. La conciencia, el afecto y la responsabilidad que puedas poner en vuestra relación será positivo para ellos, y recuerda qué también para ti.

Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid (2013)

Ha colaborado como Psicóloga Clínica en la Asociación Mentes Abiertas, en Proyecto Hombre con menores y en el Servicio de Atención en Adicciones Tecnológicas de la Comunidad de Madrid; Servicio en el que ejerce como Directora en la actualidad. 

Imparte formación para profesionales que desean ampliar recursos en la relación profesional con adolescentes. Y talleres para madres y padres, en los que tratar aspectos para la mejora de las relaciones con sus hijos e hijas.