Durante la adolescencia, los estudios empiezan a ocupar un lugar cada vez más importante. Aparecen nuevas asignaturas, aumenta la carga de trabajo y, en muchos casos, también la preocupación por las notas y por el futuro académico. Para algunos adolescentes, esta etapa puede vivirse con una presión constante por hacerlo bien.
Tener objetivos académicos, esforzarse y aspirar a obtener buenos resultados forma parte de un desarrollo saludable. Sin embargo, cuando la necesidad de rendir se convierte en una preocupación constante o cuando el adolescente siente que sus resultados nunca son suficientes, incluso a pesar de obtener buenas calificaciones, puede comenzar a afectar a su bienestar emocional. Si además existe una tendencia al perfeccionismo, el miedo a equivocarse puede hacer que estudiar deje de ser una actividad normal y se convierta en una fuente de ansiedad y frustración.
Cuando sacar buenas notas se convierte en una obligación
La presión académica puede venir de muchos lugares. A veces procede de las expectativas familiares o del propio centro educativo. En otras ocasiones, proviene de una fuente interna y es el propio adolescente quien se exige cada vez más.
No todos los adolescentes viven estas situaciones de la misma manera. Lo que para uno puede ser un reto asumible, para otro puede generar una sensación constante de no estar llegando a todo. Es común que algunos empiecen a pensar que una determinada nota es la única aceptable, que un error significa que no son lo suficientemente buenos o que decepcionarán a su familia si no consiguen los resultados esperados. Cuando el rendimiento académico empieza a ocupar demasiado espacio en su vida, conviene detenerse y observar qué está ocurriendo.
Un adolescente puede tener unas expectativas altas y, al mismo tiempo, aceptar que puede equivocarse. La dificultad aparece cuando existe una necesidad constante de hacerlo todo perfecto y los errores se viven como algo intolerable. Esto puede verse en situaciones muy cotidianas: revisar un trabajo muchas veces antes de entregarlo, quedarse bloqueado ante una tarea porque no sabe cómo hacerla “perfecta”, estudiar durante horas aunque ya esté cansado o sentirse muy mal después de obtener un 8 porque esperaba un 10.
En algunos casos ocurre incluso lo contrario de lo que podríamos esperar. El miedo a no hacerlo suficientemente bien puede llevar al adolescente a posponer una tarea, evitarla o tener dificultades para empezar. Por eso, detrás de una aparente falta de motivación puede haber, en realidad, miedo a equivocarse.
¿Cómo puede afectar esta presión?
Mantener durante mucho tiempo un nivel elevado de exigencia puede terminar afectando tanto al bienestar emocional como al funcionamiento cotidiano del adolescente.
Es habitual que aparezca preocupación por los estudios incluso cuando el adolescente no está estudiando. Puede costarle desconectar, sentirse culpable cuando descansa o tener la sensación de que siempre debería estar haciendo algo más. También es común que aparezca irritabilidad, frustración, dificultades para concentrarse, problemas de sueño o una pérdida progresiva de interés por actividades que antes disfrutaba.
En algunos estudiantes, la presión se manifiesta de una forma menos evidente. Pueden seguir sacando buenas notas y parecer que todo funciona bien mientras internamente experimentan un nivel elevado de ansiedad. Por eso, las calificaciones por sí solas no siempre reflejan cómo se encuentra un adolescente.
Algunas señales a las que prestar atención
No existe una única forma de manifestar un exceso de presión académica. Sin embargo, hay algunos cambios que pueden indicar que la situación está empezando a afectar a su bienestar:
- Preocuparse de forma constante por las notas o los exámenes.
- Sentirse muy mal ante pequeños errores o resultados que no cumplen sus expectativas.
- Tener dificultad para descansar porque siente que debería estar estudiando.
- Pasar cada vez menos tiempo con amigos o realizando actividades de ocio.
- Bloquearse o posponer tareas por miedo a no hacerlas bien.
- Tener problemas para dormir relacionados con las preocupaciones académicas.
- Mostrar irritabilidad, ansiedad o frustración con más frecuencia.
- Sentir que, por mucho que haga, nunca es suficiente.
Que aparezca alguno de estos comportamientos no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Lo que debe preocuparnos especialmente es que sean persistentes, aumenten con el tiempo o interfieran en la vida cotidiana.
¿Qué podemos hacer desde casa?
La forma en la que hablamos de los estudios tiene más importancia de la que puede parecer.
Preguntar siempre “¿qué nota has sacado?” puede hacer que el adolescente perciba que el resultado es lo más importante. También podemos interesarnos por cómo ha sido el examen, qué le ha resultado difícil, cómo se ha organizado o cómo se ha sentido.
Esto no significa quitar importancia a los estudios. Significa ampliar la mirada.
También es importante evitar las comparaciones. Decirle que su hermano/a, un amigo o un compañero obtiene mejores resultados puede aumentar todavía más la sensación de no ser suficiente. Es mucho más útil valorar su propia evolución y ayudarle a identificar qué puede mejorar.
Otro aspecto importante es normalizar el error. Suspender un examen, equivocarse en un ejercicio o no conseguir el resultado esperado forma parte del aprendizaje. Y, sobre todo, hay que proteger el descanso. Dormir, quedar con amigos, hacer deporte o tener tiempo para una afición no son actividades que haya que “ganarse” después de estudiar. Forman parte de una rutina saludable.

Aprender a exigirse sin machacarse
Uno de los objetivos cuando trabajamos el perfeccionismo es ayudar al estudiante a diferenciar entre querer mejorar y sentir que tiene que hacerlo todo perfecto. Puede esforzarse para conseguir un buen resultado y, al mismo tiempo, aceptar que habrá días en los que no rinda igual, asignaturas que le cuesten más y situaciones en las que se equivoque.
También puede ser útil revisar algunas ideas muy rígidas relacionadas con el rendimiento. Por ejemplo, pasar de “si no saco un 10, significa que no soy bueno” a preguntarse qué ha aprendido, qué ha funcionado y qué puede hacer diferente la próxima vez.
No se trata de conformarse ni de bajar las expectativas, sino de que el esfuerzo no vaya acompañado constantemente de miedo, culpa o sensación de fracaso.
¿Cómo abordamos estas dificultades en Ita Mirasierra?
En el Hospital de Día de Ita Mirasierra abordamos estas situaciones desde una perspectiva integral, entendiendo que las dificultades académicas no pueden separarse del resto de áreas de la vida del adolescente.
Nuestro objetivo no es únicamente que el paciente pueda recuperar su ritmo de estudio o mejorar su rendimiento, sino ayudarle a desarrollar una relación más saludable con la exigencia, el error y sus propias expectativas. Para ello, trabajamos aspectos como la gestión de la ansiedad, el perfeccionismo, la tolerancia a la frustración, la autoestima, la organización y la capacidad para identificar y regular las propias emociones.
El trabajo académico se integra dentro del proceso terapéutico y se adapta a las necesidades de cada adolescente. Cuando existe bloqueo, evitación o una elevada exigencia, buscamos comprender qué está dificultando el aprendizaje y acompañar al paciente en la adquisición progresiva de estrategias que le permitan enfrentarse a las tareas sin que estas se conviertan en una fuente constante de malestar.
Además, consideramos fundamental mantener una mirada amplia sobre el funcionamiento del adolescente. Por eso, el trabajo no se limita al ámbito académico, sino que contempla también el descanso, las relaciones sociales, el ocio, la dinámica familiar y el resto de áreas que forman parte de su día a día.
Cuando es necesario, este abordaje se realiza también en coordinación con la familia y el centro educativo, buscando que las estrategias trabajadas en el Hospital de Día puedan trasladarse a los diferentes contextos en los que se desenvuelve el adolescente.
El papel del centro educativo
La prevención no depende únicamente de la familia; el centro educativo también puede ser un espacio importante para detectar cambios y acompañar.
Profesores, tutores y orientadores pueden observar aspectos que quizá no se manifiesten de la misma manera en casa: cambios en la participación, bloqueo ante determinadas tareas, absentismo, dificultades de concentración o una preocupación excesiva por las calificaciones.
Cuando existe malestar, la coordinación entre familia, centro educativo y profesionales de salud mental puede ayudar a entender mejor qué está ocurriendo y a encontrar la forma más adecuada de acompañar al adolescente.
En este sentido, la coordinación con el entorno educativo forma parte también del abordaje que realizamos en Ita Mirasierra cuando las necesidades del adolescente lo requieren. Compartir información relevante y establecer objetivos comunes permite evitar mensajes contradictorios y favorecer que los cambios trabajados durante el tratamiento puedan mantenerse en el contexto escolar.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No hace falta esperar a que la situación sea grave para consultar con un profesional.
Si la presión académica está afectando al sueño, al estado de ánimo, a las relaciones sociales o a las actividades que antes disfrutaba, puede ser recomendable pedir orientación.
También merece especial atención cuando el adolescente evita ir al centro educativo, se bloquea de forma frecuente ante los estudios, presenta una ansiedad intensa o empieza a definir su propio valor únicamente en función de sus resultados.
En estos casos, una valoración profesional puede ayudar a identificar qué hay detrás de esa exigencia y a trabajar herramientas para gestionar mejor la ansiedad, el perfeccionismo, la autoestima y la frustración.
Desde el Hospital de Día de Ita Mirasierra entendemos que acompañar estas dificultades implica ayudar al adolescente a encontrar un equilibrio entre la capacidad de esforzarse y la posibilidad de aceptar sus propios límites. El objetivo no es que deje de querer hacerlo bien, sino que pueda hacerlo sin que su bienestar dependa constantemente de alcanzar la perfección.