Salud mental

TDAH

¿Por qué tantas mujeres descubren su TDAH ya de adultas? 

Tiene 42 años cuando, por fin, entiende por qué su cabeza nunca se ha quedado quieta. No es que haya sido despistada, ni caótica, ni intensa, ni demasiado sensible, como le repitieron toda la vida. Tiene Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH). 

Y no está sola.  

En uno de los registros clínicos más amplios realizados hasta la fecha, con más de 85.000 personas diagnosticadas, las mujeres tardaron de media 4 años más que los hombres en obtener una respuesta. Y no es raro que esa respuesta llegue ya en la vida adulta (Skoglund et al., 2024, como se cita en Kooij et al., 2025 y en Krebs y Donnellan-Fernandez, 2025). 

Entonces, ¿por qué cuesta tanto verlo? 

El TDAH se relaciona con dificultades para regular la atención y el control inhibitorio, que pueden manifestarse como inatención, impulsividad e hiperactividad, así como con dificultades en funciones ejecutivas como la planificación, la organización, la gestión del tiempo o el autocontrol emocional.  

Pero, cuando pensamos en TDAH, solemos imaginar a un niño que no para quieto, que interrumpe o que no puede esperar su turno. Pero ese es solo uno de los dos grandes perfiles del trastorno. Sin embargo, los criterios y los cuestionarios de cribado del TDAH se desarrollaron, sobre todo, a partir de estas muestras infantiles y masculinas (Young et al., 2020; Hinshaw et al., 2021), y no teniendo como referencia a niñas o a mujeres adultas. 

En muchas mujeres, por ejemplo, predomina, un perfil más bien silencioso. Les cuesta sostener la atención, organizarse o iniciar y terminar tareas. Incluso, en las mujeres que presentan síntomas de hiperactividad o de autocontrol, en muchas ocasiones, no se expresa de la misma forma: una cabeza que no para quieta, un flujo constante de pensamientos, hablar excesivamente, mover mucho las piernas o tener dificultades para regularse emocionalmente. Es decir, puede no existir una conducta motora visible que llame la atención, pero sí una intensa actividad interna que puede ser difícil de gestionar. 

A esto se suma el camuflaje o masking, es decir, el esfuerzo, muchas veces inconsciente, por disimular las dificultades y aparentar que todo va bien (Hinshaw et al., 2021; Attoe y Climie, 2023). Así, una persona puede parecer organizada, responsable o perfectamente capaz mientras internamente necesita realizar un esfuerzo mucho mayor para conseguirlo. 

Y… ¿qué implica no verlo de forma temprana? 

Importa, y mucho. Cuando las dificultades no alteran de manera evidente el funcionamiento del entorno escolar, la demanda de ayuda no llega. No hay necesariamente algo que “frenar” porque, desde fuera, no parece estar ocurriendo nada especialmente preocupante. Los problemas pueden pasar inadvertidos durante años y confundirse con falta de interés, despiste, descuido o simplemente con una determinada forma de ser. Por ejemplo, cuando existe una dificultad que nadie identifica, resulta fácil convertirla en una explicación sobre quiénes somos: “soy caótica”, “soy irresponsable”, “soy intensa”, “soy pesada” … Y, durante años, el foco para esa persona puede ponerse en ella misma y no en lo que realmente le está ocurriendo. 

De esta manera, muchas niñas y mujeres pueden aprender a convivir con sus dificultades sin saber realmente qué hay detrás de ellas. Pueden esforzarse más, compensar sus dificultades y tratar de encontrar estrategias para conseguir que, desde fuera, todo parezca funcionar. Por ejemplo, hacer listas para todo, utilizar colores distintos para tareas distintas para ayudarse visualmente, evitar ciertas situaciones por miedo a decir algo inadecuado, etc.  

Por eso, tener TDAH no significa necesariamente tener un bajo rendimiento o una conducta disruptiva. En ocasiones, significa que para alcanzar un determinado resultado hay que invertir una cantidad desproporcionada de energía. Y cuando ese esfuerzo se mantiene durante años, puede acabar generando frustración, sobreesfuerzo y una sensación persistente de no estar a la altura, de incapacidad, de “no ser suficiente”. Por esta misma razón, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres, de que su TDAH se confunda con ansiedad, depresión o falta de autoestima, cuando en el fondo, estos síntomas clínicos suelen ser una consecuencia directa de la lucha constante que realizan para “seguir el ritmo de los demás”.  

Entonces, ¿por qué es importante diagnosticar de forma temprana? 

Por muchas razones. Una revisión sistemática reciente identifica cuatro grandes áreas de impacto en mujeres sin diagnosticar (Attoe y Climie, 2023):  

  • Reducción del bienestar emocional 
  • Dificultad para sostener relaciones estables 
  • Sensación difusa de falta de control sobre la propia vida 
  • Un proceso de autoaceptación que solo llega tras el diagnóstico 

Un estudio más reciente, realizado con mujeres diagnosticadas después de los 15 años, encuentra que el 96 % señala un impacto directo en su autoconcepto (quién soy) y su bienestar mental, y prácticamente todas describen afectación ya en la etapa adulta (Holden y Kobayashi-Wood, 2025). Es decir, estas mujeres no hablan necesariamente de “síntomas” que deben abordar en terapia. Refieren, más bien, que sienten que “algo no funciona bien en ellas”, poniendo en sí mismas el foco del problema. Después de años intentando compensar dificultades que no comprenden y recibiendo interpretaciones sobre su forma de ser, es fácil que esa explicación termine formando parte de la propia identidad, haciendo mella en ella. 

Por esto es importante que nos planteemos, ¿qué cambiaría si actuáramos a tiempo? 

La misma revisión que describe el coste del no diagnóstico identifica también su reverso: la autoaceptación que llega después. 

Entender que las dificultades tienen una base neurobiológica, y no son un “fallo en quien soy”, es, para muchas mujeres, el primer alivio real en años (Attoe y Climie, 2023). El diagnóstico no borra el tiempo perdido, pero sí cambia las preguntas: ¿qué me pasa? y ¿qué necesito? 

Y esas preguntas sí tienen respuesta: un tratamiento ajustado, un acompañamiento profesional y, muchas veces, la posibilidad de reescribir la propia historia con mucha más comprensión y menos autoexigencia, entendiendo muchas de las situaciones vividas que se explicaban por “soy así” y empezar a entenderlas como síntomas de lo que realmente me sucede. 

Nombrar lo que durante años no tuvo nombre no borra el tiempo perdido, pero sí abre una puerta. Las mujeres que llegan al diagnóstico en la vida adulta describen una sensación similar: “por fin, todo encaja” (Attoe y Climie, 2023). 

Bibliografía

  • Attoe, D. E., & Climie, E. A. (2023). Miss. Diagnosis: A systematic review of ADHD in adult women. Journal of Attention Disorders, 27(7), 645–657. 
  • Hinshaw, S. P., Nguyen, P. T., O’Grady, S. M., & Rosenthal, E. A. (2021). Annual Research Review: Attention-deficit/hyperactivity disorder in girls and women: Underrepresentation, longitudinal processes, and key directions. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 63(4), 484–496. 
  • Holden, E., & Kobayashi-Wood, H. (2025). Adverse experiences of women with undiagnosed ADHD and the invaluable role of diagnosis. Scientific Reports, 15, 20945.  
  • Krebs, K., & Donnellan-Fernandez, R. (2025). Integrative literature review – the impact of ADHD across women’s lifespan. BMC Women’s Health, 25, Article 593. 
  • Skoglund, C., Sundström Poromaa, I., Leksell, D., Ekholm Selling, K., Cars, T., Giacobini, M., et al. (2024). Time after time: Failure to identify and support females with ADHD – a Swedish population register study. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 65(6), 832–844.  
  • Young, S., Adamo, N., Ásgeirsdóttir, B. B., et al. (2020). Females with ADHD: An expert consensus statement taking a lifespan approach providing guidance for the identification and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in girls and women. BMC Psychiatry, 20

Eva Rubio Bueno

Autor de ITA Salud Mental

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