Trastornos del Neurodesarrollo

La regulación emocional en el Autismo: por qué no es una cuestión de voluntad

02 de Agosto, 2026 Eva Rubio Bueno

Cuando una persona con autismo llora sin que nadie entienda el motivo, se bloquea ante un cambio de planes o reacciona de forma intensa ante algo que parece pequeño, es frecuente escuchar frases como "lo hace para llamar la atención" o "si quisiera, podría controlarse". Pero la realidad es otra. Las emociones en personas con autismo son mucho más que una "rabieta". Las dificultades para gestionar sus emociones son debidas, al menos en parte, a cómo funciona su sistema nervioso. Entender esto puede cambiar completamente la forma en que acompañamos a las personas con TEA. 

 

La regulación emocional es la capacidad de reconocer lo que sentimos, modular la intensidad de esa emoción y responder de forma adaptada al contexto. Parece sencillo, pero requiere que varias funciones del cerebro trabajen de forma coordinada: identificar las propias señales corporales, interpretarlas como emociones que nos indican que algo está pasando, leer el entorno, recordar qué funcionó antes y, todo ello, en décimas de segundo. 

 

En las personas con TEA, cada uno de esos pasos puede ser aún más difícil. No porque no quieran regularse, sino porque su cerebro procesa la información emocional y sensorial de forma diferente. Las investigaciones más recientes confirman que las personas con TEA utilizan con menos frecuencia estrategias de regulación adaptativas y, en cambio, recurren más a estrategias que, a largo plazo, generan mayor malestar. Por ejemplo, pueden tender a evitar la situación, suprimir la emoción o reaccionar de forma explosiva cuando ya no pueden más (Restoy et al., 2024). 

 

A esto se le suma que el problema de regulación emocional en el TEA no se manifiesta solo en momentos de crisis, sino que está presente de forma continua, en el día a día. 

Esto es debido a varios motivos. Por un lado, hay un elemento que a menudo se pasa por alto: la sensorialidad. La mayoría de las personas con TEA procesan los estímulos sensoriales de forma atípica. Por ejemplo, podemos observar la presencia de hipersensibilidad a sonidos, luces, texturas u olores. Esa sobrecarga sensorial activa un estado emocional que el sistema nervioso no consigue modular, y es en ese punto donde aparecen las conductas que preocupan al entorno (Sung et al., 2024). La conducta es únicamente el final de una cadena, no el principio. Por otro lado, muchas personas con TEA tienen dificultades para reconocer e identificar sus propias emociones, un fenómeno que se conoce como alexitimia. Esto significa que, ante un momento de malestar, la persona no siempre sabe qué le está pasando ni por qué: solo siente que algo va muy mal, sin poder ponerle nombre ni gestionarlo. 

Un estudio que evaluó el estado emocional de adolescentes y jóvenes adultos con TEA durante 6 días consecutivos, en tiempo real y en su vida cotidiana, encontró que las personas con autismo son significativamente más reactivas ante los estresores habituales del día a día que los demás chicos/as sin trastornos del neurodesarrollo. Cuando hablamos de estresores habituales del día a día, nos referimos a situaciones sociales (por ejemplo: conversaciones, actividades sociales, etc), cambios de actividad o rutinas (por ejemplo: cuando termina el colegio y empiezan las vacaciones de verano) o interacciones que para los demás pasan desapercibidas (por ejemplo: trabajar en equipo). Y esa mayor reactividad se explica precisamente por sus dificultades en regulación emocional cognitiva (Ilen et al., 2024). Es decir, no hace falta que pase algo extraordinario, sino que el estrés cotidiano que se va acumulando día tras día ya es suficientemente exigente. 

 

La desregulación emocional en el TEA no es un problema secundario. Es, en muchos casos, el motivo principal por el que una familia pide ayuda, y también uno de los factores que más influye en la aparición de otros problemas de salud mental: ansiedad, depresión, conductas disruptivas o autolesiones. Los estudios más recientes confirman que el nivel de dificultades emocionales en personas con TEA está directamente relacionado con la intensidad de sus síntomas y con su calidad de vida. Dicho de otra manera: trabajar la regulación emocional no es un complemento del tratamiento, es parte del núcleo de este (Restoy et al., 2024). 

 

La buena noticia es que la regulación emocional puede trabajarse. Y contamos con intervenciones con evidencia creciente para hacerlo. Una revisión sistemática reciente que analizó intervenciones para la desregulación emocional y las conductas desafiantes en niños y adolescentes con TEA encontró que los enfoques combinados, que trabajan tanto las estrategias conductuales como la regulación emocional cognitiva, son los que ofrecen resultados más sólidos (Nuske et al., 2024). 

Por lo tanto, no se trata de enseñar a la persona con TEA a "comportarse mejor", sino de acompañarla a conocerse mejor a sí misma y a encontrar estrategias que encajen mejor con su perfil.

Algunas de las claves más efectivas son: 

  • Anticipar, no reaccionar: muchas crisis se pueden prevenir cuando el entorno conoce bien cuáles son los desencadenantes de la persona. Es decir, es importante conocer los contextos que saturan, los cambios que generan ansiedad, los momentos del día de mayor vulnerabilidad, etc. Conocer ese perfil individual es el primer paso, teniendo en cuenta tanto el plano emocional como el sensorial. 
  • Construir un repertorio propio de estrategias: cada persona con TEA tiene recursos que le funcionan. Por ejemplo, actividades de descarga física, objetos sensoriales específicos, rutinas de calma, espacio y tiempo sin demandas, etc. El objetivo terapéutico es que la persona conozca esas herramientas y pueda usarlas antes de llegar al límite, no solo después. 
  • Trabajar desde el autoconocimiento: aprender a reconocer las señales corporales que anuncian que algo está empezando a ir mal permite intervenir a tiempo. Por ejemplo, tensión muscular, aceleración del corazón, necesidad de moverse, etc. Esto requiere práctica, pero es una habilidad que se puede desarrollar. 
  • Implicar al entorno: las estrategias de regulación no funcionan solo dentro de la consulta. Para que sean útiles en la vida real, la familia, la escuela y el entorno cotidiano tienen que conocerlas y acompañar su uso. Una persona con TEA no puede autorregularse sola si el entorno que la rodea no está ajustado a sus necesidades. 

 

Comprender que las dificultades emocionales en el TEA tienen una base neurobiológica no significa resignarse, significa dejar de pedirle a la persona que cambie lo que no puede cambiar por voluntad propia y empezar a ofrecerle las herramientas y el entorno que necesita para desarrollarse. No es cuestión de voluntad, es cuestión de apoyo. 

 

 

Referencias bibliográficas 

Cai, R. Y., Richdale, A. L., Uljarević, M., Dissanayake, C., & Samson, A. C. (2018). Emotion regulation in autism spectrum disorder: Where we are and where we need to go. Autism Research, 11(7), 962–978. https://doi.org/10.1002/aur.1968 

Ilen, L., Feller, C., & Schneider, M. (2024). Cognitive emotion regulation difficulties increase affective reactivity to daily-life stress in autistic adolescents and young adults. Autism, 28(7), 1703–1718. https://doi.org/10.1177/13623613231204829 

Nuske, H. J., Young, A. V., Khan, F. Y., Palermo, E. H., Ajanaku, B., Pellecchia, M., Vivanti, G., Mazefsky, C. A., Brookman-Frazee, L., McPartland, J. C., Goodwin, M. S., & Mandell, D. S. (2024). Systematic review: emotion dysregulation and challenging behavior interventions for children and adolescents on the autism spectrum with graded key evidence-based strategy recommendations. European Child & Adolescent Psychiatry, 33(6), 1963–1976. https://doi.org/10.1007/s00787-023-02298-2 

Restoy, D., Oriol-Escudé, M., Alonzo-Castillo, T., Magán-Maganto, M., Canal-Bedia, R., Díez-Villoria, E., Gisbert-Gustemps, L., Setién-Ramos, I., Martínez-Ramírez, M., Ramos-Quiroga, J. A., & Lugo-Marín, J. (2024). Emotion regulation and emotion dysregulation in children and adolescents with Autism Spectrum Disorder: A meta-analysis of evaluation and intervention studies. Clinical Psychology Review, 109, 102410. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2024.102410 

Sung, Y.-S., Lin, C.-Y., Chu, S. Y., & Lin, L.-Y. (2024). Emotion dysregulation mediates the relationship between sensory processing and behavior problems in young children with Autism Spectrum Disorder: A preliminary study. Journal of Autism and Developmental Disorders, 54(2), 738–748. https://doi.org/10.1007/s10803-022-05839-x

Coordinadora clínica del Área de Neurodesarrollo y del Servicio de Neuropsicología en Ita Salud Mental.

Responsable del Campus Ita.

 

Psicóloga general sanitaria y Neuropsicóloga clínica. Especializada en trastornos del neurodesarrollo y trastornos alimentarios.

 

Formación en Análisis transaccional, Terapia Sistémica, EMDR (Nivel I), Internal Family Systems (IFS, Nivel I) y Terapia Dialéctico-Conductual (Nivel I). Acreditada para la administración de las herramientas diagnósticas ADOS-2 y ADIR.

 

Docente en diversos másteres de Neuropsicología, Trastornos de la Conducta Alimentaria e Intervención Integradora Infantojuvenil. Parte del Comité IA de Clariane España.

Contacta con nosotros