Trastornos de la Conducta Alimentaria

Belleza...

26 de Enero, 2020 Mila Burguera

Hace algunos años tuve la oportunidad de contemplarla. Estremecedora, gélida, abrumadora, peligrosa. Sentí quietud, paz, plenitud. Silencio. No hubo nada más. Mis ojos contemplaron el gran glaciar en la Patagonia argentina y el impacto que tuvo en mi no lo podré olvidar jamás.  Y conecté. Conecté con el frío, la tristeza, el dolor y la desesperación del intento de lo bello, arrastrándose entre los plásticos, reptando dolorosamente para salir a la superficie, gritando ahogada, pidiendo ayuda desnuda, frágil, dispuesta a vivir su vida de mentira.

 

Así empezó la performance Eat Me: Ana, impactando al público y dejándolo sin aliento. La obra transmitió con acierto el dolor de quienes persiguen hasta enfermar un ideal de belleza inalcanzable, absurdo, tirano de almas frágiles y vulnerables que buscan la perfección estética, encontrando la esclavitud que les hará vivir arrodilladas el resto de sus vidas.

Cuando me pidieron que escribiera este post quise enfocarlo desde mi experiencia en torno a las consecuencias psicológicas que genera en las personas este modelo estético, tras muchos años de contacto con niñas, adolescentes y mujeres que han padecido este tipo de trastornos. Mi vivencia ha sido sentir el dolor, la tristeza y la desesperanza en muchos casos, de no poder salir de ese agujero negro que las hunde cada vez más en una vida vacía, sin estudios, sin trabajo, sin amigos, sin amor, “sin tacones, sin abrigo, sin marido”, tal como es transmitido e interpretado de forma tan desgarradora por la directora y actriz de la obra, Mireia Izquierdo. Una vida patética, de mentira. Una vida de desconexión entre el cuerpo y el alma. Entre el alma y el mundo. Desconectada del hambre, de la vida, desconectada del sentir.

 

Sabemos lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, pero lo tenemos interiorizado y normalizado. Tenemos insertado en nuestro cerebro cómo tenemos que vestir, comer, cómo tienen que ser nuestros cuerpos, cómo tiene que ser nuestra sexualidad, cómo tenemos que relacionarnos con los demás, cómo tiene que ser nuestra casa, nuestro coche, cómo tiene que ser nuestra vida para tener éxito, para triunfar, y para no ser desahuciados por una sociedad que impone la homogeneidad en detrimento de la diversidad. Tenemos que ser iguales, manejables, influenciables, guapos y guapas, y así alcanzaremos la felicidad, comprando, consumiendo lo legal y lo ilegal, y sometiéndonos a unas directrices deshumanizadas impuestas por la industria de la moda y la sociedad de consumo.

 

¿De verdad no somos capaces de cuestionar lo que ocurre a nuestro alrededor? Es difícil luchar contra lo establecido. Nuestra mente es plana, lisa y brillante como la pantalla del último modelo de iphone, estéticamente perfecto. Así, lo impuesto no cala, no agarra, simplemente resbala sin ser sometido a juicio, crítica, evaluación ni examen.

Amor…

 

Carla Morrison es una cantante mexicana que participó en la campaña de una conocida marca de pantalones vaqueros. Como otras muchas mujeres recibió numerosas críticas por sus formas redondeadas y por no tener un cuerpo delgado y perfecto. En su último álbum escribe al amor, a un amor sublime, a un amor que lleva a la muerte si fuera necesario. Así reza la canción:

“Te regalo mis piernas, recuesta tu cabeza en ellas,

Te regalo mis fuerzas, úsalas cada vez que tú no tengas,

Te regalo las piezas que conforman mi alma,

Que nunca nada te haga falta a ti,

Te voy a amar hasta morir.”

 

En las miradas inertes de muchas pacientes veo que están enamoradas de una enfermedad. Un amor devoto, incuestionable, esclavo, y enfermizo al trastorno, a la enfermedad, a un concepto, la belleza, la perfección, la delgadez. Tristemente muchas de ellas amarán la belleza hasta morir.

 

Psicóloga de Ita Previ Valencia

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia

Curso de Aptitud Pedagógica

Máster en Intervención en Trastornos de Personalidad y de la Conducta Alimentaria ADEIT-PREVI

Psicóloga General Sanitaria