Trastornos de la Conducta Alimentaria

Trastornos de la Conducta Alimentaria en hombres

27 de Noviembre, 2022 Montse Bascuas

Quizá, todo lo que sabemos sobre los trastornos alimentarios es fruto de la investigación y la práctica clínica en la población femenina.

 

A lo largo del tiempo, los casos que los clínicos abordamos han sido durante décadas mayoritariamente femeninos. Posiblemente, y con el ánimo de unificar la enfermedad, hemos caído en la tentación de basarnos en los patrones que identifican la enfermedad desde la mirada femenina lo que ha supuesto la exclusión de la visión de los varones acerca de su cuerpo y su ideal estético.

 

A medida que se han creado nuevas maneras de reconocernos, de comunicarnos, de mostrarnos ante los otros se han creado nuevas necesidades estéticas que han estado más vinculadas a la exigencia para ambos sexos y el varón por tanto también ha estado sobreexpuesto a un ideal estético difícil de alcanzar.

 

No es diferente el Trastorno de Conducta Alimentaria en hombres que, en mujeres, pero tiene sus peculiaridades.

En un período de desarrollo, como la adolescencia, los desencadenantes entre ambos sexos no son muy distintos, aunque quizá éstos en los varones pongan más énfasis en sobrepeso o obesidad en la infancia, bullying o dudas acerca de la orientación sexual, pero sin embargo los conflictos o miedos subyacentes son similares en ambos sexos.

 

El hecho de que en los hombres las repercusiones corporales no incluyan falta de menstruación hace que la a afectación física pueda pasar más desapercibida o se aprecie más tarde y si por el contrario ha habido ganancia de peso suele haber mayor tolerancia socialmente y se tarda más en consultar, estas situaciones rar vez se aplican una mujer.

El problema alimentario específico más frecuente en los hombres es el trastorno de atracones, seguido de la bulimia nerviosa (30% de casos en hombres) y la a anorexia (10-15%) (Gorrell&Murray,2020)

 

El TCA masculino presenta una edad de inicio más tardía, mayores comorbilidades psiquiátricas y mayores antecedentes de obesidad en la 1ª y 2ª infancia, pero en ambos sexos se rechaza la grasa corporal, aunque en el varón se busca hacer más la visible la musculatura del cuerpo. Ello nos lleva a pensar que el ejercicio físico en los varones es un síntoma más central y por tanto el rechazo de la grasa muscular tiene más que ver con conseguir una mayor visibilidad muscular que el estar delgado en sí, lo cual nos lleva al concepto de la dismorfia muscular.

“La exposición al ideal mesomórfico hipermusculado puede derivar en conductas compulsivas relacionadas con el excesivo ejercicio físico, las alteraciones alimentarias orientadas al aumento de la musculatura o el consumo de sustancias anabolizantes” (R.Rica)

 

Por tanto, la dismorfia muscular presenta alteraciones en la alimentación con niveles de rigidez similares a los que podemos ver en la anorexia nerviosa, pero se añade la complejidad de que a lo largo del año realizan alteraciones alimentarias cíclicas conocidas en el argot como “bulk and cut”.

 

En cuanto al abordaje de la enfermedad no podemos olvidar que un TCA, independientemente del sexo que lo padezca, es el resultado de un profundo sufrimiento emocional y por tanto el núcleo de la intervención, no cambia.

 

Sin embargo, debemos trabajar para adaptar el abordaje de la sintomatología a la realidad del varón puesto que la práctica clínica se ha centrado desde una visión femenina debido que la afectación de la enfermedad entre la población femenina (un 90%, según datos de la Confederación de Salud Mental en España) ha sido mayor. 

Directora de Consultas Externas de ITA Urgell y responsable del programa Salud y Vida