Trastornos del Neurodesarrollo

Autismo en la adolescencia: cuando "encajar" tiene un precio muy alto

16 de Agosto, 2026 Eva Rubio Bueno

Hay adolescentes con autismo que pasan años sin diagnóstico porque, aparentemente, "funcionan bien". Van al instituto, tienen amigos o hablan con fluidez. Desde fuera, nada parece indicar que algo les cueste más que a los demás. Pero hay algo que el entorno no ve: el esfuerzo enorme que supone cada día mantener esa apariencia. Y llega un momento, generalmente en la adolescencia, en que ese esfuerzo ya no se puede sostener. 

 

Lo que hay detrás tiene un nombre: camuflaje social. Entender qué es y qué consecuencias tiene puede cambiar la forma en que acompañamos a estos chicos y chicas. 

Las personas con TEA aprenden, a menudo de forma espontánea y sin que nadie se lo enseñe, a observar e imitar los comportamientos sociales de quienes les rodean. 

La investigación actual distingue tres formas en que se manifiesta este camuflaje: el enmascaramiento, que consiste en suprimir conductas autistas como los movimientos repetitivos o las reacciones sensoriales (por ejemplo: contenerse para no taparse los oídos en un ambiente ruidoso); la compensación, que implica practicar respuestas sociales aprendidas de antemano (por ejemplo: preparar de memoria qué decir cuando alguien te pregunta "¿qué tal el fin de semana?"); y la asimilación, que supone intentar activamente encajar adoptando un rol o adoptando los intereses del grupo (Alaghband-rad et al., 2023). Muchas personas combinan las tres sin ser conscientes de que lo hacen. 

El esfuerzo es enorme, porque ninguna de esas respuestas les sale de forma automática como a la mayoría de las personas. Durante la infancia puede pasar desapercibido. Pero en la adolescencia, las relaciones de amistad se vuelven más complejas (por ejemplo: aumentan las salidas, pasan más tiempo con los iguales, empiezan las primeras relaciones de pareja, etc), y los entornos (por ejemplo: clases, pasillos, fiestas, salir a merendar, etc) se vuelven más impredecibles y exigentes. 

 

Es justamente en este momento cuando se evidencia el problema del camuflaje. Aparentemente no sucede nada, pero en el fondo, si nos fijamos bien, ocurren muchas cosas que podemos llegar a identificar: 

  • La fatiga social se acumula: después de pasar el día en clase, muchos adolescentes con TEA llegan a casa completamente agotados, como si hubieran hecho un esfuerzo físico intenso durante horas. Necesitan tiempo y espacio sin demandas para recuperarse. Lo que la familia interpreta como "mal humor" o "encerrarse en la habitación" es, con frecuencia, una necesidad fisiológica de descompresión. 
  • La ansiedad aumenta: anticipar situaciones sociales que otros viven de forma natural puede convertirse en una fuente constante de angustia. Un estudio reciente centrado específicamente en adolescentes con TEA demuestra que el enmascaramiento de los rasgos autistas se solapa con los mecanismos cognitivos de la ansiedad social, creando un círculo que se retroalimenta: cuanto más se enmascara, más se activan los comportamientos de seguridad propios de la ansiedad; y cuanta más ansiedad, más necesidad de enmascarar (Lei et al., 2024). Es decir, el camuflaje no solo no protege de la ansiedad, sino que puede alimentarla. 
  • La identidad se fragmenta: pasar tanto tiempo siendo "quien se supone que tienes que ser" puede dificultar saber quién eres realmente. Es frecuente que adolescentes con TEA, especialmente quienes llevan más tiempo camuflando, digan que no saben quiénes son, no sepan qué les gusta, qué sienten o qué quieren llegar a ser. 
  • El diagnóstico se retrasa: el camuflaje, aparentemente útil en las primeras etapas de desarrollo, acaba funcionando como una barrera directa para la detección y el diagnóstico precoz. Las investigaciones confirman que los niños, adolescentes o adultos, que más camuflan, son quienes más tardan en recibir un diagnóstico y, por lo tanto, quienes acceden más tarde a los apoyos que realmente necesitan (Ross et al., 2023). 

 

Este último punto, es muy importante, porque una de las consecuencias directas del camuflaje sostenido en el tiempo y del diagnóstico tardío es el burnout autista. El burnout es un agotamiento profundo y prolongado que afecta al funcionamiento cognitivo, emocional y social, y que va más allá del cansancio ordinario. Se caracteriza por una pérdida de habilidades que antes se mantenían (por ejemplo: dejar de poder mantener conversaciones que antes no suponían un problema), mayor sensibilidad sensorial (por ejemplo: sentir rechazo hacia ciertos tonos de voz, sonidos cuando la gente mastica, etc), retraimiento y una sensación de haber llegado al límite. El burnout autista puede confundirse con depresión, pero no es lo mismo. La investigación más reciente establece una cadena clara: el camuflaje sostenido lleva al burnout, y el burnout aumenta significativamente el riesgo de desarrollar depresión (Benatov et al., 2025).  

Por todo ello, recibir el diagnóstico en la adolescencia o en la edad adulta, significa, muchas veces, que todo lo que la persona ha vivido hasta ese momento empieza a tener sentido. El agotamiento tenía una razón. Y permite abrir las puertas a recibir un tratamiento ajustado: trabajar la regulación emocional desde el perfil real de la persona, reducir el esfuerzo del camuflaje, construir una identidad más auténtica y desarrollar estrategias que permitan relacionarse sin pagar el coste del agotamiento o problemas de salud mental.  

 

En este punto será muy importante: 

  • Dejar de interpretar la aparente competencia social como ausencia de dificultades: es decir, aunque parezca que “esté bien" no significa que no necesite apoyo. 
  • Iniciar un proceso terapéutico que permita explorar la propia identidad, no solo para entrenar habilidades: para muchos adolescentes, la terapia es el primer lugar donde pueden dejar de actuar y conocerse. 
  • Abordar la regulación emocional desde el autoconocimiento: identificar los propios límites, reconocer las señales de saturación y poder pedir ayuda antes de llegar al colapso. 
  • Entender que el agotamiento que ven al llegar a casa no es mala actitud: es la consecuencia de un esfuerzo que nadie más ve. 

 

El camuflaje no es malo en sí mismo. Es una estrategia de adaptación inteligente que muchas personas con TEA desarrollan de forma natural. Pero cuando se convierte en la única forma de estar en el mundo, y cuando se mantiene sin reconocimiento ni descanso, el precio es demasiado alto. 

Con los apoyos adecuados, los adolescentes con TEA pueden aprender a conocerse mejor, a gestionar sus emociones sin agotarse y a construir relaciones desde un lugar más auténtico. No se trata de dejar de adaptarse al entorno, se trata de no tener que desaparecer para hacerlo. 

 

Referencias bibliográficas 

  • Alaghband-rad, J., Hajikarim-Hamedani, A., & Motamed, M. (2023). Camouflage and masking behavior in adult autism. Frontiers in Psychiatry, 14, 1108110. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2023.1108110 
  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing. 
  • Benatov, J., Sarel-Mahlev, E., & Bar Yehuda, S. (2025). Camouflage, burnout-exhaustion, and depression in autistic adults. Autism in Adulthood. https://doi.org/10.1089/aut.2024.0147 
  • Cai, R. Y., Richdale, A. L., Uljarević, M., Dissanayake, C., & Samson, A. C. (2018). Emotion regulation in autism spectrum disorder: Where we are and where we need to go. Autism Research, 11(7), 962–978. https://doi.org/10.1002/aur.1968 
  • Lei, J., Leigh, E., Charman, T., Russell, A., & Hollocks, M. J. (2024). Understanding the relationship between social camouflaging in autism and safety behaviours in social anxiety in autistic and non-autistic adolescents. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 65(3), 285–297. https://doi.org/10.1111/jcpp.13884 
  • Restoy, D., Oriol-Escudé, M., Alonzo-Castillo, T., Magán-Maganto, M., Canal-Bedia, R., Díez-Villoria, E., Gisbert-Gustemps, L., Setién-Ramos, I., Martínez-Ramírez, M., Ramos-Quiroga, J. A., & Lugo-Marín, J. (2024). Emotion regulation and emotion dysregulation in children and adolescents with Autism Spectrum Disorder: A meta-analysis of evaluation and intervention studies. Clinical Psychology Review, 109, 102410. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2024.102410 
  • Ross, A., Tully, L., & McAloon, J. (2023). The relationship between camouflaging and mental health in autistic children and adolescents. Autism Research, 16(1), 190–199. https://doi.org/10.1002/aur.2859

Coordinadora clínica del Área de Neurodesarrollo y del Servicio de Neuropsicología en Ita Salud Mental.

Responsable del Campus Ita.

 

Psicóloga general sanitaria y Neuropsicóloga clínica. Especializada en trastornos del neurodesarrollo y trastornos alimentarios.

 

Formación en Análisis transaccional, Terapia Sistémica, EMDR (Nivel I), Internal Family Systems (IFS, Nivel I) y Terapia Dialéctico-Conductual (Nivel I). Acreditada para la administración de las herramientas diagnósticas ADOS-2 y ADIR.

 

Docente en diversos másteres de Neuropsicología, Trastornos de la Conducta Alimentaria e Intervención Integradora Infantojuvenil. Parte del Comité IA de Clariane España.

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