Terapia Familiar

Cuando ser uno mismo fue difícil: identidad prestada, apego, trauma relacional y mentalización a lo largo del ciclo vital

15 de Febrero, 2026 Roxana Reynoso Gallo Corvalán

Más allá de la “falta de autoestima”

Muchos padres y profesores consultan por problemas de autoestima en sus hijos/as o alumnos/as. Más allá de lo frecuente que esta palabra pueda resultar en nuestras conversaciones cotidianas, hay mucho más debajo de una aparente “falta de autoestima”. La palabra “falta” ya nos coloca en una situación de juicio, como si el niño/a o adolescente fuera “aún más defectuoso/a” por no cumplir expectativas externas. Por eso prefiero hablar de identidad prestada: personas que han aprendido a adaptarse a sistemas familiares y sociales que, aunque a menudo bien intencionados, están cargados de mandatos y de “deber ser”. Para sobrevivir relacionalmente, aprenden estrategias que a veces sacrifican su experiencia interna y espontaneidad. Así, lo que se observa como baja autoestima puede entenderse como una adaptación protectora, y no como un déficit intrínseco del niño o adolescente.

John Bowlby, el autor más conocido en el estudio del apego, describió cómo la calidad de los vínculos tempranos organiza la conducta, la regulación emocional y la construcción del self (Bowlby, 1969/1982). Los vínculos seguros fomentan la exploración y la autonomía, mientras que los inseguros aumentan la vulnerabilidad emocional y relacional. Sin embargo, otras aproximaciones amplían esta perspectiva, como el Modelo Dinámico-Madurativo (DMM) de Patricia Crittenden, que explica cómo los niños/as organizan estrategias adaptativas frente a cuidadores/as inconsistentes o amenazantes (Crittenden, 1995, 2008).

De este modo, no ser quien uno/a es no es un problema de autenticidad; es un mecanismo de supervivencia vincular.

 

Identidad como estrategia de apego: aportes del DMM

Las estrategias tipo A, B, C o mixtas se presentan aquí de manera didáctica para ilustrar cómo la experiencia relacional temprana organiza la identidad, sin encasillar a nadie. Ningún individuo es completamente tipo A o C; todos desplegamos un mosaico de estrategias adaptativas que cambian según el contexto, la etapa de la vida y las relaciones presentes.

 

2.1 Estrategias tipo A: inhibición de la emoción

Surgen cuando los cuidadores rechazan la expresión emocional, valoran la autosuficiencia y son fríos o críticos. El aprendizaje implícito es: “Sentir me mete en problemas. Necesitar es peligroso.” La identidad se organiza con hiperresponsabilidad, perfeccionismo y aparente autosuficiencia.

  • Ejemplo cotidiano: Un/a niño/a que oye “no exageres” aprende a bloquear el llanto. De adulto puede decir: “Yo no soy una persona emocional.”

 

2.2 Estrategias tipo C: amplificación emocional

Surgen cuando los cuidadores son impredecibles, ansiosos o sobreinvolucrados. El aprendizaje implícito es: “Si no muestro mucho lo que siento, nadie me ve.” La identidad se organiza con intensidad emocional, miedo al abandono y búsqueda constante de validación.

  • Ejemplo cotidiano: Un/a niño/a cuya madre solo atiende cuando él “explota” aprende que la intensidad es el camino al vínculo. De adulto puede sentir: “Si no expreso todo muy fuerte, desaparezco para el otro.”

 

2.4 Estrategias mixtas A/C: contradicción y complejidad

Aparecen cuando el/la cuidador/a es simultáneamente fuente de protección y de miedo. El aprendizaje implícito es: “Nada es seguro. Tengo que cambiar según el momento.” La identidad se organiza con contradicciones, cambios bruscos en la forma de ser y sensación de no saber quién se es.

  • Ejemplo cotidiano: Persona racional en el trabajo (tipo A) y emocionalmente intensa en pareja (tipo C), sin coherencia interna percibida.

 

Trauma relacional y organización defensiva del self

Cuando la figura de apego es fuente de protección y de miedo, surge una paradoja traumática (Main & Hesse, 1990). La espontaneidad y la expresión de necesidades pueden implicar riesgo relacional. El sistema nervioso prioriza la supervivencia vincular frente a la autenticidad experiencial.

Winnicott (1960) describió el falso self, una organización de la personalidad orientada a adaptarse a las exigencias del entorno, sacrificando la experiencia espontánea. La neurobiología del trauma muestra cómo la desregulación temprana interfiere en la integración emocional y corporal, favoreciendo escisión y disociación (Schore, 2003; van der Kolk, 2014).

La identidad resultante puede describirse como identidad prestada, organizada según las expectativas y estados del entorno más que de la experiencia interna integrada.

 

Mentalización y pérdida de la experiencia del self

La mentalización permite comprender la conducta propia y ajena en términos de estados mentales (Fonagy et al., 2002).

  • En apego seguro, el cuidador ayuda al niño a dar sentido a emociones y sensaciones corporales, construyendo un self coherente.
  • En apego inseguro, el niño aprende a anticipar al otro, no a comprenderse a sí mismo: hipermentalización del otro y baja mentalización del self.

Ejemplo cotidiano: Una mujer dice: “Sé cómo están todos en mi familia, pero si me preguntas cómo estoy yo… no sé qué decir.”

 

Dinámicas familiares donde el “yo” puede perderse

  • Hijos como “espejo de la familia”: sus emociones solo importan si reflejan lo que los padres esperan.
  • Roles rígidos: cada hijo tiene un papel fijo (responsable, problemático, fuerte).
  • Sobreprotección: padres deciden todo → niño depende del otro para sentir y decidir.
  • Conflictos constantes: niños ocultan emociones para no “agregar problemas”.

No se trata de culpabilizar a padres o profesores, ni de asumir estos ejemplos como únicos. Existen tantos estilos de adaptación como niños y familias. Estas reflexiones ayudan a tomar perspectiva y ser conscientes del impacto de nuestras palabras y acciones sobre una identidad en construcción, y sirven de base para intervenciones familiares sistémicas.

 

Evolución de la identidad prestada a lo largo del ciclo vital

Etapa

Manifestaciones frecuentes

Infancia

Niño complaciente o hiperadaptado, ansiedad, perfeccionismo

Adolescencia

Crisis de identidad, autolesiones, trastornos de conducta alimentaria

Juventud

Relaciones dependientes o evitativas, búsqueda de validación externa

Adultez

Vacío existencial, dificultad para decisiones y límites

Parentalidad

Reactivación de memorias de apego y patrones relacionales repetitivos

 

Implicaciones clínicas: del falso self a la identidad integrada

La intervención no consiste en obligar a “ser auténtico”, sino en crear condiciones de seguridad vincular que permitan:

  • Mentalización del self
  • Integración de memorias traumáticas
  • Conexión con la experiencia corporal
  • Diferenciación entre lealtad relacional e identidad
  • Intervención familiar sistémica para favorecer un self coherente

Ejemplo clínico: Paciente que siempre priorizó a su familia aprende a identificar emociones y deseos personales, reflejando una identidad que integra lo aprendido con la vivencia interna, sin miedo a perder el vínculo.

Ser uno mismo no es un acto voluntarista: es el resultado de haber sobrevivido lo suficiente como para que dejar de adaptarse ya no sea peligroso.

 

La identidad prestada surge como una estrategia adaptativa frente a las demandas del entorno y los vínculos tempranos. Comprenderla permite reemplazar la culpabilización por comprensión clínica, ofreciendo caminos terapéuticos centrados en:

  • Seguridad relacional, creando entornos donde la persona pueda explorar y expresar su experiencia interna sin miedo.
  • Integración del self, ayudando a unir las experiencias tempranas con la vivencia presente de manera coherente.
  • Darse permiso para ser, fomentando la confianza en uno mismo y la conexión con deseos y emociones auténticas.
  • Intervención familiar sistémica, promoviendo relaciones más conscientes y respetuosas con la identidad en construcción de cada miembro.

Insisto en que no se trata de juzgar a familias o educadores, ni de asumir que los ejemplos presentados son únicos o rígidos. Cada niño/a, adolescente y adulto desarrolla estrategias de adaptación diferentes, y estas observaciones permiten tomar perspectiva, ser conscientes del impacto de nuestras palabras y acciones y favorecer el desarrollo de confianza, autonomía y autenticidad, respetando la historia y los aprendizajes de cada persona.

Terapeuta familiar en Ita Sabadell

 

Psicóloga y equinoterapeuta, especializada en Psicoterapia Familiar y de Pareja, EMDR y psicología infantojuvenil. Acompaña desde hace más de 15 años a docentes, familias, niños, niñas y adolescentes en contextos de vulnerabilidad social en España y Latinoamérica.

Actualmente es responsable del Servicio de Terapia Familiar asistida con equinos en Aldeas Infantiles SOS Cataluña y trabaja como terapeuta en la Unidad de Terapia Familiar de Ita Salut Mental Sabadell. Es miembro de los grupos de trabajo “Intervención social con infancia y familia” y “Actividades terapéuticas inclusivas en la naturaleza (NIAT)” del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC).

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