Salud Mental

Autolesiones: señales de alarma y formas de intervenir de manera segura

11 de Enero, 2026 Celia Calvo

Hablar de autolesiones no es fácil y, a la vez, es necesario. El aumento de estas conductas en la población general española es preocupante. Un 34% de jóvenes ha indicado haberse autolesionado, por lo menos, una vez en su vida y alrededor del 6-17% lo hace de manera regular.  

 

Las autolesiones son acciones voluntarias con la intención de aliviar emociones intensas sin intención de quitarse la vida. Pueden aparecer en forma de cortes, quemaduras, golpearse o hacerse heridas, entre otras. Pese a no estar relacionadas directamente con intentos de suicidio, son una señal de un marcado sufrimiento emocional que es necesario atender y comprender.  

 

¿Por qué pueden ocurrir las autolesiones? 

Pese a que las razones son muy variadas y multifactoriales, es decir, no hay una única causa, algunos de los motivos son: 

  • Alivio de emociones muy intensas experimentadas en un momento determinado. Suelen estar relacionadas con la tristeza, el enfado, el miedo, la culpa y la vergüenza.  
  • Intento de recuperar la sensación de control convirtiendo el malestar interno en sensaciones externas físicas. 
  • Necesidad de sentir “algo” cuando hay una sensación de vacío o embotamiento emocional.  
  • Forma disfuncional de canalizar o expresar un sufrimiento que no saben expresar de otra manera. 

 

Señales de alarma 

Darse cuenta a tiempo de estas conductas puede marcar una gran diferencia en la persona y la familia. En muchas ocasiones, la persona intenta ocultarlas. Es conveniente conocer y observar algunas de las señales de alarma:  

  • La señal más llamativa de todas es la aparición de cortes, quemaduras, marcas o moretones de manera repetida. Hay que poner especial atención a las extremidades (brazos y piernas) y abdomen. Además, la explicación a estas lesiones suele ser extraña o poco convincente.  
  • Llevar ropa que no se ajusta a las estaciones del año. Por ejemplo, llevar mangas largas en verano. Menos frecuente, pero con la misma importancia es el uso de muñequeras o adhesivos sanitarios como apósitos o tiritas pueden estar camuflando daños.  
  • Evitar actividades acuáticas o baños donde la persona pueda exponer su piel.  
  • Cambios de humor bruscos que varían entre la tristeza, la frustración, la ira o la irritabilidad. A menudo, estos cambios en el estado de ánimo vienen acompañados de aislamiento social y abandono de actividades que antes eran gratificantes para la persona.  
  • Comentarios acerca de sentirse “desbordado/a”, “agotado/a”, “sin esperanza” o reflejar pensamientos sobre no querer estar vivo o “todo iría mejor si no estuviera”. 
  • Aparición de objetos cortantes o punzantes en sitios no habituales y sin explicación de por qué se encuentran ahí.  
  • Consumo de diferentes sustancias como forma de evadirse o escapar emocionalmente.  

 

Formas de intervenir de manera segura 

Aunque tu intervención no va a sustituir la de un profesional especializado, puedes ser de más ayuda de lo que crees. Te dejo por aquí unas pautas sobre que hacer y no hacer cuando hay sospechas o certeza de autolesiones. 

 

Qué hacer: La comunicación es esencial. Hablar de ello no hace que la situación empeore. TODO LO CONTRARIO. Transmitirle a la persona preocupación desde el cariño y la calma, evitando juicios es muchas veces el recogimiento emocional que las personas que sufren necesitan. Sentir que no están solos. Algunas frases que puedes utilizar son: 

  • “Noto que últimamente estas mucho en tu habitación y eso me preocupa”
  • “Me gustaría decirte que estoy aquí para escucharte siempre que lo necesites”
  • “Si estás pasando por un momento difícil, quiero que sepas que me importas y quiero saber cómo te sientes”.  

Preguntar directamente no aumenta el riesgo. Si crees que hay posibilidad de que la persona quiera hacerse daño, pregúntale claramente (¡recuerda!, desde la calma) “¿En algún momento has pensado en hacerte daño de alguna manera?”. 

Una de las claves comunicaciones con mayor impacto es la validación. Validar emociones es reconocer y aceptar lo que la otra persona siente, que tiene sentido pese a que no estemos de acuerdo. Algunas frases validantes que puedes utilizar son: 

  • “Tiene que ser muy duro sentirte así” 
  • “Entiendo que esta discusión te ha hecho sentir triste” 
  • “Es normal que sientas enfado al recordar ese momento” 
  • “Otra persona en tu lugar también se sentiría así” 

 

El otro pilar del acompañamiento es la escucha activa. Muchas veces, la persona solo necesita sentirse acompañada y escuchada. Para ello: 

  • Acompaña con contacto visual y gestos de escucha (ej. Asentir con la cabeza) mientras la persona habla.  
  • Permite la expresión de la persona sin interrupciones.  
  • A veces, repetir cierta información que la persona ha dado la hace sentir escuchada (ej. “entonces dices que la contestación de X te ha asustado”). 

 

Por último, anima a la persona a pedir ayuda profesional. Acompáñala en la solicitud de ayuda para que no se sienta sola.  

 

Qué no hacer: No juzgues, culpes, minimices o compares el sufrimiento de la persona. Evita frases como:  

  • “Hay cosas peores” 
  • “No es para tanto” 
  • “X está peor que tú y no hace esto” 
  • “Nos haces mucho daño cada vez que te cortas” 

Evita amenazas. Intentar inducir miedo no va a hacer que las autolesiones desaparezcan. De hecho, puede aumentar el aislamiento y disminuir la confianza, dando como resultado que la persona no acuda a ti de nuevo cuando necesite ayuda. Igual de importante es que la persona no se sienta obligada a hablar del tema si no está preparada. Utiliza las claves de comunicación y validación para mostrarle que estarás disponible cuando se sienta preparado/a. 

 

La empatía, validación, escucha activa y el acompañamiento pueden ser el primer paso que la persona necesita y un puente hacia la ayuda profesional. Detrás de cada herida hay una historia que merece ser escuchada.  

 

Psicóloga Ita Valencia

Psicóloga general sanitaria especializada en trastornos de desregulación emocional, trastornos de la personalidad y en la intervención de personas con Trastorno Límite de la Personalidad desde la Terapia Dialéctica Conductual (DBT). 

Realizo tareas de evaluación e intervención con pacientes de hospitalización completa y en régimen ambulatorio. También realizo terapias grupales enfocadas en el entrenamiento de habilidades DBT y terapia de familia con familiares de personas con TLP o desregulación emocional grave. 

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