“Al cuerpo, lo nombramos mucho, pero lo pensamos poco” (Molina, 2021)
Comienzo este artículo parafraseando a la Doctora Rosa Molina en su libro “Una mente con mucho cuerpo” a la que me permito la licencia de añadir “...y si lo pensamos, lo pensamos mal”. Vivimos en una sociedad en la que, paradójicamente, estamos más conectados que nunca a través de nuestros dispositivos electrónicos, pero cada vez estamos más desconectados de nuestros cuerpos, y, en muchos casos, de los cuerpos de los demás.
En ocasiones, cuando nuestro foco atencional se sitúa en nuestros cuerpos, suele ser porque estamos atravesando alguna dolencia, deseamos modificarlos porque no cumplen (o nos hacen creer que no cumplen) con los estándares estéticos, o los comparamos constantemente con los cuerpos ajenos.
Si podemos hablar en estos términos cuando nos referimos a población general, cuando hablamos de personas con un diagnóstico de trastorno mental, este aspecto se complica teniendo en cuenta que la sintomatología no sólo ocurre en el cuerpo, sino que a veces, como en el caso de los trastornos alimentarios, el propio cuerpo se convierte en objeto de rechazo, insatisfacción o distorsión.
El Cuerpo en la Psicoterapia: Un Enfoque Necesario
La intervención psicológica no puede centrarse únicamente en los pensamientos, las emociones o las conductas, sino que debe integrar al cuerpo como un componente esencial en el proceso terapéutico. Esta visión ha cobrado relevancia en las últimas décadas, y hoy en día, estudios en neuropsicología han demostrado la importancia de las experiencias corporales y la memoria corporal en el funcionamiento psicológico. Estas investigaciones han motivado a los terapeutas a replantear el papel del cuerpo dentro de la psicoterapia (Van der Kolk, 2020).
Cuerpo y danza
Ya la danza, en la década de 1940, asumió el desafío de integrar al cuerpo en el proceso terapéutico cuando un grupo de bailarines y psicoterapeutas, al observar el impacto positivo de la expresión artística en la salud mental, desarrollaron una disciplina innovadora: la Danza Movimiento Terapia (Malchiodi, 2013) (a partir de ahora, DMT). Esta disciplina se basa en la integración del cuerpo y la mente a través del movimiento, y su impacto terapéutico ha sido respaldado por numerosos estudios desde entonces.
Un ejemplo de ello, son los resultados cualitativos obtenidos en una intervención basada en la DMT en población con diagnóstico de trastorno alimentario, tras la participación en el programa, las personas afectadas experimentaron mejoras en la relación con su imagen corporal, un aumento en la conciencia corporal, una mejora en el estado emocional y un incremento en la interacción verbal y no verbal con el grupo y el terapeuta (Sadivaki, Demirtoka y Rodríguez-Jiménez, 2020)
Resultados prometedores teniendo en cuenta que las personas que padecen este trastorno presentan una gran insatisfacción con su imagen corporal, incapacidad para reconocer sus propias necesidades corporales, dificultad para identificar sus propios estados emocionales y por ende, dificultad para poder regular sus emociones.
Más allá de los trastornos alimentarios, la danza en general ha demostrado tener una amplia gama de beneficios para la salud mental. Según una revisión sistemática de Padilla y Coterón (2013), los participantes en programas de danza experimentaron mejoras en indicadores clave de la salud mental, como el estado de ánimo, las relaciones sociales, la autoestima, el bienestar general, la salud autopercibida, la imagen corporal y la calidad de vida.
Este enfoque holístico de la danza no solo mejora la salud física, sino que también potencia el bienestar emocional y psicológico. La danza ayuda a los pacientes a reconectar con sus cuerpos de una manera no amenazante, favoreciendo la autocompasión y el respeto por uno/a mismo/a. El movimiento se convierte en un vehículo para expresar lo que las palabras no pueden, liberando tensiones emocionales y fomentando una mayor autoaceptación.
La Conexión Cuerpo-Mente en la Terapia: La Necesidad de un Enfoque Integrado
Cuando hablamos de psicoterapia, es fundamental recordar que no somos solo nuestra mente. El cuerpo y la mente están profundamente interconectados, y por ello, las intervenciones terapéuticas que no tengan en cuenta ambos aspectos corren el riesgo de ser incompletas. Incorporar el cuerpo en la terapia, ya sea a través de la danza o de otras técnicas somáticas, permite una integración más profunda de la experiencia emocional y psíquica del paciente.
Los trastornos alimentarios, en particular, son un ejemplo claro de cómo la desconexión entre cuerpo y mente puede manifestarse de manera dramática. La danza, como herramienta terapéutica, ofrece una vía para sanar esa brecha, ayudando a las personas a reconectar con sus cuerpos, a restaurar la relación positiva con la imagen corporal y a mejorar la regulación emocional.
Limitaciones
Si bien es cierto que la integración de la danza en el ámbito de la psicología nos puede ayudar a otorgar al cuerpo el lugar que le corresponde, la literatura de la que disponemos presenta una serie de limitaciones metodológicas.
Por ejemplo, la escasez de estudios sistematizados que dificultan la generalización de los resultados, además mucha de las investigaciones cuentan con muestras reducidas y no representativas, lo que limita la validez externa. También se encuentran sesgos de género, ya que la participación masculina suele ser menor en intervenciones que incluyen danza. Por último, destaca la falta de programas de intervención estandarizados, debido a la diversidad de técnicas dentro de la danza o a la adaptación de las actividades en función de las necesidades del grupo con el que se esté trabajando.
Conclusión
En un contexto en el que muchas personas viven cada vez más desconectadas de su cuerpo, volver a él se hace imprescindible. Integrar el trabajo corporal dentro de la intervención psicológica no sólo permite ampliar las herramientas terapéuticas sino poder realizar un abordaje más completo. Para poder dar respuesta a una sociedad cada vez más compleja, resulta necesario seguir realizando investigaciones más rigurosas que nos ayuden a superar las limitaciones actuales y a consolidar intervenciones que integren cuerpo y mente de manera eficaz.
Malchiodi CA. Expressive Therapies. New York: Guilford Publications; 2013. Molina, R. (2021). Una mente con mucho cuerpo: entiende tus emociones y cuida de tu salud mental. Barcelona: Editorial Planeta, S.A; 2021.
Padilla Moledo, C., & Coterón López, J. (2013). ¿Podemos mejorar nuestra salud mental a través de la danza?: una revisión sistemática. RETOS. Nuevas Tendencias en Educación Física, Deporte y Recreación, (24), 194-197. Savidaki, M., Demirtoka, S., & Rodríguez-Jiménez, R. M. (2020). Re-inhabiting one’s body: A pilot study on the effects of dance movement therapy on body image and alexithymia in eating disorders. Journal of Eating Disorders, 8(1), 22.
Van der Kolk BA. El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Barcelona: Eleftheria; 2020.
