Vivimos un momento en el que la alimentación se ha convertido en un campo de batalla: dietas milagro, mensajes contradictorios, cuerpos idealizados y un nivel de autoexigencia que deja muy poco espacio para escucharnos de verdad.
La cultura de la dieta no solo condiciona lo que comemos, sino también cómo pensamos sobre nosotros mismos.
Durante años, el peso se ha utilizado como un indicador de salud. Pero sabemos, por evidencia y por experiencia clínica, que este enfoque es limitado, estigmatizante y, en muchos casos, perjudicial para uno mismo.
El malestar que vemos en consulta rara vez nace de “no saber comer”, sino de haber pasado demasiado tiempo siguiendo reglas externas que nos alejan de nuestras propias necesidades y nos hacen creer que nos acercamos a la salud teniendo unos cuerpos concretos.

Por eso surgen modelos que ponen el foco en la persona, no en la báscula. En Ita lo vemos cada día: cuando alguien deja de luchar contra su cuerpo y empieza a escucharlo, aparece una forma de alimentarse que es más sostenible a largo plazo, más amable y mucho más humana.
Este es el marco que inspira programas como Desde Dentro, donde acompañamos a reconstruir la relación con la comida y con el cuerpo desde el respeto, la evidencia y la diversidad corporal.
No hablamos de dietas: hablamos de procesos, de señales corporales, de calidad de vida y de salud mental.
Las intervenciones nutricionales tienen que evolucionar.
Y la dirección es clara: menos control, más conciencia; menos imposición, más acompañamiento.