Las relaciones sociales ocupan un lugar central en la vida de cualquier persona. Para los chicos y chicas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), este ámbito puede convertirse tanto en un área de dificultad como en un espacio de crecimiento personal enorme cuando reciben los apoyos adecuados. En nuestro trabajo diario en la Unidad de Neurodesarrollo del Hospital de Día y en la unidad infantojuvenil de Ita Mirasierra vemos con frecuencia cómo, con las herramientas apropiadas, muchos de estos retos se transforman en oportunidades reales de conexión, comprensión mutua y bienestar emocional.

Retos habituales en las relaciones sociales dentro del TEA
Las dificultades sociales en el TEA no tienen que ver con una falta de interés por los demás, sino con una manera diferente de entender, interpretar y procesar la información social. Entre los desafíos más frecuentes vemos:
1. Interpretación literal del lenguaje y las normas sociales
Muchos adolescentes con TEA interpretan el lenguaje de forma muy literal y pueden perder matices como la ironía, la broma o las intenciones implícitas. Esto dificulta encajar en dinámicas sociales cambiantes o poco explícitas.
2. Dificultades en la lectura emocional
Expresiones faciales, tonos de voz o pequeños gestos que para otros pasan desapercibidos pueden resultar confusos o ambiguos, generando inseguridad en situaciones sociales.
3. Intereses intensos y específicos
Los intereses restringidos pueden ser un puente maravilloso hacia vínculos auténticos, pero también pueden convertirse en una barrera cuando no se encuentran compañeros con intereses similares.
4. Vulnerabilidad ante el rechazo o el acoso
El desajuste entre expectativas sociales y habilidades comunicativas convierte a muchos adolescentes en perfiles más expuestos a la incomprensión o al bullying, generando una profunda huella emocional.
El papel de los apoyos adecuados
Cuando hablamos de amistad y relaciones sociales en el TEA, el foco no está en “normalizar” el comportamiento, sino en facilitar la comprensión mutua y favorecer entornos donde cada adolescente pueda ser él mismo sin sentirse juzgado.
Desde Ita Mirasierra trabajamos este proceso desde una perspectiva integradora y muy práctica, con tres pilares fundamentales:
¿Cómo lo trabajamos en la Unidad de Neurodesarrollo de Ita Mirasierra?
1. Intervenciones grupales específicas
En nuestra Unidad de Neurodesarrollo desarrollamos grupos terapéuticos orientados a:
- Comprender claves sociales de manera explícita.
- Ensayar habilidades de comunicación funcional.
- Aprender a iniciar, mantener y cerrar conversaciones.
- Regular las emociones que aparecen en las interacciones: frustración, culpa, vergüenza o miedo al rechazo.
Los grupos se convierten en un entorno seguro donde los adolescentes pueden equivocarse sin miedo y aprender paso a paso.
2. Acompañamiento emocional y psicoeducación individual
Cada adolescente procesa sus experiencias sociales de manera única. En las sesiones individuales trabajamos aspectos como:
- La autopercepción y la autoestima.
- La gestión de la ansiedad social.
- La comprensión del propio funcionamiento y el del otro.
- La lectura emocional y la flexibilidad cognitiva.
Este trabajo individual es clave para que lo aprendido en grupo pueda trasladarse a su día a día.
3. Colaboración estrecha con familias y centros educativos
La red social de un adolescente no se limita al hospital de día. Por eso, en Ita Mirasierra:
- Formamos a las familias para acompañar sin sobreproteger.
- Coordinamos con colegios e institutos para crear contextos seguros y predecibles.
- Favorecemos estrategias de mediación entre iguales cuando es necesario.
El objetivo es que los apoyos estén presentes en todos los entornos significativos del adolescente, no solo en el clínico.
Mirar la socialización desde la diversidad
La clave no está en pedir a los chicos y chicas con TEA que “encajen”, sino en ofrecerles espacios donde su forma de relacionarse también tenga valor. La amistad no tiene por qué ser extensa ni cumplir un único modelo: puede ser selectiva, basada en intereses compartidos o construida de forma lenta y profunda. Lo importante es que sea auténtica, respetuosa y significativa para ellos.
Desde nuestra experiencia en Ita Mirasierra, cuando se les proporciona apoyo emocional, herramientas prácticas y un entorno comprensivo, los adolescentes con TEA no solo mejoran sus habilidades sociales: también desarrollan vínculos más seguros, auténticos y coherentes con su manera de ser.