El desarrollo de los procesos cognitivos depende de la maduración de regiones cerebrales específicas y de la maduración de las conexiones entre ellas. La creación de sinapsis se da a ritmos distintos según las áreas y regiones y durante un periodo relativamente prolongado de tiempo, desde la infancia hasta la adultez.
Los períodos críticos del desarrollo son ventanas de tiempo en la que las estructuras cerebrales están preparadas para adquirir ciertas habilidades y funciones. Lo crítico, hace referencia a que si no se aprende/adquiere en el momento óptimo de madurez, después será mucho más complejo. Por ello, es relevante:
- La estimulación del ambiente y la práctica de habilidades son esenciales.
- El centro y entorno escolar tienen un papel determinante y clave en este proceso dada la etapa vital.
- Adelantar aprendizajes (por ejemplo: aprendizaje lectura antes de los 5 años) no mejora el rendimiento a largo plazo; generalizado para el resto de los aprendizajes. Al hacerlo, presionamos para acelerar un proceso y utilizamos tiempo valioso para enseñar destrezas para las que todavía no están maduros y se relegan a segundo plano.
Estrategias clave:
- Respetar los tiempos de desarrollo.
- Promover curiosidad sin forzar, así como el aprendizaje significativo
- Evitar presionar para adelantar etapas.
En lugar de enseñar lectura formal a los 4–5 años, fortalecer habilidades pre-lectoras: conciencia fonológica a través de juegos de rimas, actividades de ordenar secuencias, manipulación de sonidos, exploración de cuentos desde lo visual.

¿Qué observar? Percepción, atención y memoria.
Percepción: la base del aprendizaje
Debemos estar atentos a que los y las alumnas perciban de manera adecuada. En procesos básicos como la lectura, la escritura y el cálculo, los requisitos de madurez perceptiva en las áreas visuales y auditivas es que vean y oigan adecuadamente.
Signos de alarma:
- Se acerca demasiado al papel.
- Se distrae con ruidos sutiles
- Entrecierra los ojos
- No sigue instrucciones auditivas simples
Estrategias:
- Ubicarlos cerca en el espacio o del foco visual principal
- Verificar que lo ha comprendido
- Ante sospechas, orientar evaluación del otorrino/oftalmólogo
Si un alumno copia mal de manera frecuente, cambiarlo de posición y comprobar si sigue fallando (podría indicar un problema visual más que un trastorno del aprendizaje).
La atención: cantidad y calidad
La atención esperada depende de la edad: por ejemplo, un niño de preescolar puede mantener la atención durante 7-15 minutos máximo.
Signos de alarma:
- Dificultad para terminar tareas simples
- Cambia de actividad constantemente
- Parece no escuchar cuando se le habla directamente
Estrategias:
- Tareas cortas y segmentadas
- Reglas visuales: pictogramas de “sentarse”, “mirar”, “escuchar”
- Reloj visual o temporizadores para marcar tiempos
- Recordatorios verbales breves: “Primero esto, después aquello”
En matemáticas, presentar 5 ejercicios en vez de 15 y entregarlos en dos fases. Esto reduce la carga atencional y permite observar si el niño se distrae o si es la cantidad lo que lo saturaba.
La memoria: registrar, almacenar y recuperar
Durante la edad escolar se desarrollan estrategias de memoria, definida como la habilidad para registrar, elaborar, almacenar, recuperar y utilizar información. Es en este período donde se desarrollan estrategias de almacenamiento (repetición, organización) y recuperación y la memoria de trabajo (por ejemplo: la memoria de trabajo entendida como la “memoria del camarero” que retiene información a corto plazo para usarla de inmediato, como cuando el camarero recuerda los pedidos). En la adolescencia, la memoria viene condicionada por el entorno y los hábitos de estudio, la metodología de aprendizaje y la educación.
Muchos niñxs con trastornos en el aprendizaje de la lectura y las matemáticas evidencian déficits en memoria operativa.
Estrategias en el aula:
- Uso de organizadores gráficos (esquemas, mapas mentales)
- Dar instrucciones de una en una
- Enseñar estrategias de repetición y autoverbalizaciones: “repásalo en voz baja antes de escribirlo”
- Fomentar apoyos visuales: reglas ortográficas, pasos para resolver problemas, etc.
El papel de la emoción en el aprendizaje
La información emocional pasa por el sistema límbico, lo que potencia o inhibe la memoria. Por lo que un aprendizaje basado en la emoción es fundamental, provocaremos en el niño emociones asociadas al investigar, descubrir, que faciliten el almacenamiento.
Igualmente, si el niño o adolescente está pasando por un estado emocional adverso, su capacidad de focalizar la atención y retener conceptos se verá mermada e igualmente la recuperación de información.
Estrategias:
- Empezar la clase con una pregunta emocional breve (“¿Con qué emoción os identificáis hoy?”)
- Actividades basadas en la curiosidad: experimentos, retos, descubrimientos
- Crear un clima seguro
Antes de introducir un tema nuevo o cambiar de actividad, hacer un pequeño reto: “Hoy descubriremos qué pasaría si…”, lo que activa la emocionalidad del aprendizaje.
Funciones ejecutivas: planificación, autocontrol, flexibilidad
Otro concepto importante es el de las funciones ejecutivas, que son un conjunto de capacidades adaptativas, que nos permiten analizar qué es lo que queremos, cómo podemos conseguirlo y cuál es el plan de actuación más adecuado para su consecución, autoguiados por nuestras propias instrucciones (lenguaje interior) sin depender de indicaciones externas. Se trata del conductor de nuestro coche que va dirigiendo.
Las FFEE comienzan a desarrollarse en la primera infancia y no terminan de madurar hasta la década de los 20, así que a la hora p.ej. de exigir autocontrol a un niño pequeño, debemos de conocer si es capaz de ejercerlo por edad o si necesita primero apoyo externo para poder más tarde interiorizarlo. La exigencia debe estar ajustada al desarrollo.
Signos de alarma:
- Dificultad para iniciar tareas sin ayuda
- Problemas para organizar su material
- Impulsividad
- Pensamiento rígido
Estrategias:
- Modelado: el docente verbaliza su propio proceso (“Primero miro lo que debo hacer, luego lo ordeno…”)
- Listas de pasos para cualquier tarea
- Anticipación visual de cambios de rutina
- Técnicas de autoinstrucciones
Señales de alarma en el aula asociadas a posibles trastornos del neurodesarrollo – “Cosas que pasan y vemos”
Estas señales son indicadores que justifican la observación y comunicación con la familia o el equipo de orientación.
Posibles dificultades en TEA/CEA:
- Dificultad para mantener el contacto ocular
- Juego repetitivo o poco simbólico (alinear, repetir rutinas)
- Interés por temas concretos (animales, mapas, grupos de música…)
- Reacciones exageradas ante cambios en la rutina o sonidos/texturas
- Lenguaje literal o conversaciones “guionizadas”
- Sentimiento de justicia marcado – “justiciero”
- Dificultad para entender normas sociales o implícitas
Posibles dificultades en TDAH:
- Dificultad en la gestión del tiempo
- Déficit en memoria de trabajo
- Baja tolerancia a la frustración
- Dificultad en retardar la gratificación
- Impulsividad o interrupciones constantes
- Olvidos frecuentes
- Movimiento constante o pensamiento acelerado
- Caos con su material
Posibles dificultades en trastornos del aprendizaje:
- No domina habilidades de lectura, escritura, ortografía o matemáticas en su nivel de edad esperado
- Dificultad para entender y seguir consignas
- Falta de coordinación motriz (fina o gruesa)
- Evitación de tareas que involucran aprendizajes
- Lentitud marcada en tareas
- Falta de autonomía en el trabajo académico
Estrategias globales para la detección
- Observación sistemática en diferentes momentos del día y contextos (no solo en clase)
- Registro docente: anotar conductas que se repiten.
- Trabajo conjunto con orientadores, PT, AL y familias.
- Adaptaciones no significativas: Reducir cantidad, aumentar apoyos visuales, flexibilizar tiempos.
- Ajustes en la comunicación con el alumnado: instrucciones claras, concisas y visuales.
Es importante por tanto que los docentes conozcáis los hitos madurativos para no adelantar procesos y aprendizajes, conocer el ambiente del niño por si hay factores que estén perturbando su proceso, identificar signos de alarma para prevenir y no comenzar tardíamente las terapias y aprender a adaptar contenidos en función de los retos de cada niño.
La detección temprana de los trastornos del neurodesarrollo es un proceso compartido, donde el profesorado juega un papel clave por su cercanía diaria con el alumnado. Respetar los ritmos madurativos, observar señales de alarma y aplicar estrategias simples pero efectivas puede marcar una diferencia enorme en el bienestar y el futuro educativo de cada niño y niña.
Desde el Equipo SAE, invitamos a toda la comunidad educativa a sumarse a este #UnRetoCompartido, fortaleciendo la sensibilidad, el acompañamiento y la colaboración.